Huellas de tinta y papel

Las 4:00 de la mañana te levantas cansada un día más, miras las noticias, los WhatsApp´s y las redes sociales, es tu momento de relax antes de ir a la guerra.

Un café y otro, ducha y salir de casa. Sabiendo lo que me queda por delante, me quedaría así, a gustito en casa, pero no puedo, un día más, una batalla más me espera. 

Llegas a los jardines del hospital y ya buscas en tu bolsillo la mascarilla obligatoria.

Los pasillos vacíos y te sientes sola, sola ante lo que te espera. 

Desde que esto comenzó, ya no te encuentras con todas las compañeras en el vestuario:

Dos o tres a las que deseas buen día, a las que intentas animar, pero las malas noticias se adelantan, ¡dos compañeras más se tienen q quedar en cuarentena y piensas… ¡Dios mío!, venga ¡¡Que esto no pueda contigo!!.

Doble mascarilla.Llegas a tu puesto repasando en tu mente por donde empezarás, pero no, un parto covid19 te espera. 

15 minutos de preparación, 15 minutos en los q no puedes olvidar nada, gorro, recolocar las mascarillas, buzo, gafas, polainas…y dos horas limpiando de arriba a abajo de dentro a fuera y de limpio a sucio, maquinaria, pelotas, potro, …te cuesca respirar… y vuelves a repasar en tu mente para no dejar ni un tornillo, intentas ser positiva y piensas…cuando esto acabe me quedo en el chasis con esta sauna y entonces antes de salir viene el momento complicado, te rocían con desinfectante por todo el cuerpo «será suficiente?» y muy concentrada vas quitándote cada protección, no debes tocar nada exterior. Cuando acabas sólo piensas en haberlo hecho bien. 

Empapada en sudor, te diriges a aquello q debías haber hecho a las 6, despachos salas de espera lavabos y de igual manera piensas si las grapadoras tendrán el virus, los botes, típex, reposabrazos de las sillas, interruptores, asientos de madera… y no puedes dejar de limpiar…

Desayunas, café y vuelta. La morgue que en otro momento eran tres cámaras se ha convertido en un almacén de ataúdes en el que cada día hay más.

Pero haces de tripas corazón y limpias mientras vas pidiendo al cielo q las otras parteras no hayan parido. 

Pero da igual, si tienes un momento vas a echar una mano a otro servicio o te llaman para limpiar dos más en RX. 

Siento q me duele la mandíbula y caigo en la cuenta de que con las dos mascarillas solo respiro por la boca bien abierta ya q las fosas nasales están totalmente tapadas.

No paras, pero aún te sientes afortunada, estás reventada, pero piensas en las compañeras que están en planta, q no se quitan los EPI’s en toda la jornada.

Llegas a casa después de tanto estrés…sin hambre, pero recuerdas que tus hijas quieren que te cuides, que comas y no dejes bajar las defensas, así que ducha, comer y sofá.

Cuando ves en las noticias que aún hay quien se salta la cuarentena o van cada día a comprar porque están agobiados en casa, sólo tienes ganas de llorar. Quieres que toda esta locura se acabe. 

#quedateencasa, por favor

Ester, compañera y sindicalista CCOO

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